De chelitas por Perú

Publicado en por Ludy


Con el empeño  de seguir cruzando fronteras, la siguiente ha sido la de Perú, y bien duro conseguirlo, ya que tuve que esperar bastante en la odiosa aduana.
El autobús Cuenca-Huaquillas me dejó en una fría frontera con los sistemas de registro estropeados. El siguiente bus hasta Piura, esperaba paciente a que todos los pasajeros pasaran el control, y el destino hizo que se truncaran mis planes iniciales de bajarme en Máncora (la playa más famosa entre turistas y surfistas), para continuar unas horas más hasta Piura, un poco más al sur. De repente me dio por apostar por una playa tranquila en lugar del ajetreo fiestero-surfero.

La ciudad de Piura es una ruidosa ciudad del norte peruano donde reina el caos del tráfico y tocar el pito se convierte en un lenguaje entre los coches volviendo loco a los peatones que se tienen que conformar con cruzar cediendo el paso a todo tipo de vehículos.


Desde allí cogí un autobús hacia Paita, y luego un coche hasta el balneario de Colán, una playa larga y tranquila, donde las casas está construidas a pocos metros de la playa pese a haber sido destruidas por el oleaje tras el "Niño" en el 82.

 


Colán me dio la oportunidad de conocer a dos estupendas personas:

Rubén,  la persona que me acogió en su casa de Colán,  que por su extravagancia y su modo de vivir la vida se  convirtió en una de esas personas que dejan huella. Es un personaje con alma de pirata y curtido por la vida, que me ayudó en mi primer contacto con la realidad peruana.

Luego Jesús, mi compañero de curso a quien tuve la oportunidad de conocer más a fondo durante unos días en este magnífico entorno, y con quien pude compartir ideas y concepciones de la vida, (hablando por fin español sin tapujos) mientras arreglábamos el mundo al atardecer con una chelita.

 

 


Colán me atrapó porque es un lugar tranquilo donde el tiempo pasa despacio, y cada día es un nuevo regalo y algo o alguien sorprende. Un lugar  donde a pesar de que al bañarse te  “raya la raya” ya que dicen que hay bastantes, se pueden degustar ricos pescados y ceviches y  el atardecer es todo un espectáculo.

 



Durante esos días visité un museo con  esqueletos de ballenas de hace millones de años, ya que se presume que toda la costa Peruana antes era océano, cosa que no sorprende al descubrir su paisaje árido y casi desértico donde pequeñas montañas tienen rasgos de que el agua las cubrió algún día, y donde los pueblos interiores tienen el aspecto de la siguiente  foto.



También pasamos un día en la playa de Yacila, una magnífica playa de pescadores donde con troncos amarrados con cuerdas, hasta 500 personas salen a pescar  calamares, y esque desde esta zona de Perú, se exportan toneladas diarias de pescado a todo el mundo.


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